Leandro fue  Hijo de Nicolás Fernández de Moratín. Nació el 10 de Marzo de 1760 en Madrid. La viruela le desfiguró y ello influirá en su carácter el resto de su vida. Pronto se dedico a la literatura, alcanzando algunos accesits de la Academia, el primero en 1779 con su poema La Toma de Granada y tres años después otro con Lección poética. Sátira contra los vicios introducidos en la poesía castellana. Marcho a Paris como secretario del banquero Cobarrús. Recibió protección de Floridablanca y Godoy. En 1790 estrena en el Teatro del Príncipe de Madrid El Viejo y la niña que había sido prohibida con anterioridad por el Vicario eclesiástico. Dos años después, en el mismo Teatro estrena La Comedia nueva o El Café. Tras unos viajes por Europa, a su regreso intensifica su amistad con Goya. Lo nombran director de una Junta para reforma de los Teatros. Comienza a escribir su obra Origen del teatro español.
           En 1803 en estrena El Barón en el Teatro de la Cruz y un año después La Mojigata y dos mas tarde El sí de las niñas. El actor Isidoro Maiquez intervino en su obra La escuela de los maridos  ( se trataba de una adaptación de L´ecole des maris de Moliere ). Despues vendrá El medico a palos. Cuando se produce la invasión napoleónica, Moratín figuraba como uno de los afrancesados . Realizó un viaje a Paris con Manuel Silvela. Es curioso que cuando Goya muere en Burdeos un 16 de abril de 1828, tan solo un mes despues su amigo Moratín muere en Paris el 16   mayo. Fue enterrado en Pére Lachaise entre Molière y La Fontaine. Pues bien, en testimonio a esa amistad entre Goya y Moratín vamos a degustar un poema del último que compuso mirando su retrato               

 
     
     
     
 

A DON FRANCISCO DE GOYA, INSIGNE PINTOR

 
 

LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN

 
     
     
     
     
    Quise aspirar a la segunda vida,  
    que agradecido el Mundo  
    al eminente mérito reserva:  
    de pocos adquirida,  
    entre los que siguieron  
    la inspiración de Apolo y de Minerva.  
    Vanos mis votos fueron,  
    vano el estudio, y siempre deseada  
    la perfección, siempre la vi distante.  
    Mas la amistad sagrada  
    quiso dar permiso a mi tesón constante,  
    y a ti, sublime artífice, destina  
    a ilustrar mi memoria,  
    dándola duración con tus pinceles:  
    émulos de la fama y de la historia.  
    A tanto la divina  
    arte que sabes poderosa alcanza,  
    a la  muerte quitandola trofeos.  
    Si en dudosa esperanza  
    culpé de temerosos mis deseos  
    tú me los cumples, en la edad futura,  
    al mirar de tu mano los primores  
    y en ellos mi semblante,  
    voz sonará que el cielo se levante  
    con debidos honores;  
    venciendo de los años al desvío,  
    y asociaando a tu gloria el nombre mío.  
       
     
     
     
     
     
     
 

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