LA SEQUÍA DE BENIDORM DEL AÑO 1978

 

 

Causas físicas y humanas de la sequía de 1978

Evolución de la crisis de abastecimiento de 1978

Las consecuencias de la sequía de 1978

Bibliografía:

 

 

 

 

          Hace poco más de 25 años, en 1978, Benidorm padeció una grave sequía que afectó de forma trascendental a la manera de enfocar el abastecimiento de agua. Fue un acontecimiento que impactó vivamente a la opinión pública de la época y que puso en peligro el modelo turístico por el que Benidorm había apostado desde la década de 1950. La sequía del año 1978 marcó un antes y un después en la gestión del agua en Benidorm. La ciudad llevaba más de veinte años orientada mayoritariamente hacia el sector turístico, pero sus estructuras de abastecimiento eran insuficientes para una ciudad que iba creciendo constantemente.

          Coincidió con el momento de transición política desde las formas autoritarias del régimen del general Franco, que había muerto hacía tres años, hasta las formas participativas de la época democrática. El año anterior la UCD de Adolfo Suárez había ganado las primeras elecciones democráticas que se celebraban desde el final de la guerra de 1936-39. El 31 de octubre de ese mismo año 1978 el Congreso aprobaba la Constitución y el 6 de diciembre era ratificada en referéndum por todos los españoles. La opinión pública, hasta entonces amordazada, empezó a hacer sentir su voz y Benidorm expresó su malestar por el desabastecimiento de agua potable, que las autoridades tardaban en resolver. La exasperación fue mayor al comprobar que otras zonas no tenían los problemas y restricciones de agua que tenía Benidorm, por lo que atribuían la carencia de agua de Benidorm a una mala gestión tanto de las autoridades autonómicas –que estaban empezando a desarrollarse y aún no funcionaban correctamente– como de las autoridades centrales. El periódico CANFALI escribía al respecto:

“La Marina Alta no padece la falta de agua. En cuanto a la zona de Torrevieja, hasta Santa Pola, tampoco tienen este tipo de problema. Sin embargo la Marina Baja, con dos pantanos, que llenos alcanzaran mas de 30 millones de metros cúbicos, padece una casi total paralización en el abastecimiento de agua potable.”

          Y es que aunque 1978 fue un año más seco que los precedentes, la carencia de agua potable se atribuía más a la mala   gestión de las autoridades que a los factores climáticos.

 

Causas físicas y humanas de la sequía de 1978

          En la sequía de 1978 hubo, evidentemente, una serie de aspectos físicos y climáticos derivados fundamentalmente de las características del clima mediterráneo.

          Los factores físicos que originan las frecuentes sequías en nuestra comarca son la proximidad a la zona de altas presiones del norte de África y la disposición del relieve que origina el denominado efecto fohen con aire cálido y seco cuando soplan vientos del oeste. La proximidad de montañas de más de 1.000 de altitud, Bèrnia, Aitana y Puig Campana, crea un microclima más seco porque dichas elevaciones forman una barrera que impide que lleguen a nuestro litoral las lluvias de las borrascas del Oeste. Esta es la causa de que en el litoral de la Marina Baja las precipitaciones sean aproximadamente la mitad de las de la Marina Alta.

          En cuanto a los factores climáticos, el primero es la fuerte irregularidad anual de las precipitaciones, con un otoño y una primavera lluviosos[1] y un estío muy seco. Esta irregularidad es una característica del clima mediterráneo que en sí misma no es mala: permite asegurar unos meses de verano soleados que resultan muy atractivos para el turismo europeo. Pero al mismo tiempo se genera una contradicción: cuando más agua se necesita por la llegada de los visitantes es precisamente cuando menos llueve. Al iniciarse la expansión turística se intentó resolver dicha contradicción aprovechando para el consumo humano el agua de las lluvias otoñales almacenada para usos agrícolas en los embalses de Amadorio y Guadalest además de las aguas subterráneas del pozo de Rabassa en Polop.

          Hay también una irregularidad interanual, alternando años de fuertes sequías con años de precipitaciones abundantes y a veces catastróficas. La gráfica[2] nº 1 nos muestra la evolución de las precipitaciones en la Comunidad Valenciana entre 1950 y 1996. En ella vemos que si las precipitaciones están por encima de 14,5 km3/año estamos ante años lluviosos y si están por debajo de 9,0 km3/año estamos ante años secos, considerándose como valor medio el de 11,8 km3/año, cifra que se obtiene en los años 1992 y 1993.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Gráfica nº 1

          Observamos también que el año 1978 es el que menos precipitaciones registró en la Comunidad Valenciana en el período analizado; el año siguiente, 1979, es también un año seco, seguido de otro año de precipitaciones normales. En general se considera que el período de sequía abarca de 1978 a 1984[3]. Sin embargo los seis años anteriores a 1978 registran una pluviosidad entre normal y más alta de lo normal, por lo que en teoría las reservas de agua no se deberían haber agotado en un solo año. Parece evidente, por tanto, que hay que considerar los factores humanos como los determinantes de esta crisis hídrica de Benidorm, tal como pensaban sus habitantes en aquellas fechas. En efecto, con posterioridad a este episodio de sequía climática, se han producido otros, como el del período 1992-95, que no han generado la alarma social del de 1978 porque su impacto en la población se minimizó. Jorge Olcina escribía refiriéndose a la sequía de 1994: “ha finalizado uno de los años hidrológicos más secos y uno de los estíos más calurosos de la presente centuria, fenómenos que han provocado graves pérdidas en el sudeste Ibérico. La mengua de recursos hídricos ha avivado los conflictos regionales por el disfrute del agua.” El impacto en Benidorm de la sequía de 1994 no fue en absoluto comparable al de 1978, a pesar de ser aquel un año climatológicamente más seco. 

          Por tanto son los aspectos humanos los fundamentales para explicar la “sequía” de 1978 en Benidorm. Por eso habría que denominarla “sequía hidrológica”, que es la expresión que emplean los geógrafos para referirse a los problemas de abastecimiento urbano, y que es típica de los municipios que no han desarrollado sistemas racionales de gestión del agua.

          La causa de la sequía hidrológica de 1978 fue la inadecuada adaptación de las infraestructuras de Benidorm al creciente desarrollo del turismo y al boom de la construcción que habían surgido en la dictadura franquista, en cuya administración imperaba la mentalidad tradicional de considerar las sequías como un fenómeno natural e inevitable frente al cual no se podía hacer nada. Se recurría al tópico de “la pertinaz sequía” para justificar la falta de actuaciones ante estos hechos, considerados como extraordinarios.

          El primer factor humano a considerar es el espectacular crecimiento de la población de Benidorm durante estos años, tanto residente como de turística. Hay un aumento de la población censada, que casi se multiplica por cuatro, pasando de 6.259 habitantes en 1960 a 22.841 en 1976. Pero más importante aún que el crecimiento de la población censada es el incremento de la estacionalidad, tal como puede comprobarse en la gráfica nº 2[4]. Tomando como referencia el mes de agosto, vemos que en 1973 la población a la que el municipio debía abastecer de agua era de 118.857 personas, cifra que ascendía hasta 166.900 personas en 1977, el año anterior a la sequía. Por esta causa las infraestructuras para el suministro de agua, creadas en tiempos del alcalde Pedro Zaragoza[5] quedaron obsoletas diecisiete años después.  Este espectacular crecimiento de la población de Benidorm y de su turismo obedecían en primer lugar a la apertura del aeropuerto del Altet en 1968, que permitía la llegada de turistas europeos. Tal como se muestra en el cuadro siguiente, el crecimiento del número de pasajeros fue espectacular a pesar de la crisis económica de 1974 que, con el encarecimiento del petróleo, estabilizó los vuelos charter hasta 1980.

 

AÑO

N.º PASAJEROS

1968

351.805

1970

819.405

1972

1.540.426

1973

1.950.175

1974

1.340.900

 

Incremento del número de pasajeros en el aeropuerto del Altet

 

Gráfica nº 2: Estacionalidad de 1973 a 1984

 


          Otro factor a considerar es el auge de la construcción de hoteles y apartamentos en el período que va de 1970 a 1974 siendo sus elementos más representativos los denominados “hoteles-fábrica” y los “estudios” o viviendas de dimensiones mínimas. El modelo turístico de Benidorm se orientó hacia un turismo masivo de clases medias.

 

 

 

 

 

 

 

Gráfica nº 3:   Evolución de la construcción en Benidorm desde 1955 a 1980

 

          Como consecuencia de todos estos factores, las dificultades en el suministro de agua potable para Benidorm habían comenzado ya en 1976 pero culminaron con la grave sequía del verano de 1978 cuando fue necesario recurrir a barcos-cisterna contratados por el ayuntamiento. Todo esto se desarrolló en tiempos del alcalde de la UCD Rafael Ferrer Meliá, que tuvo que resolver una crisis cuya génesis venía de épocas anteriores.

 

 

Evolución de la crisis de abastecimiento de 1978

          Resulta evidente, a raíz de lo anteriormente expuesto, que la denominada “sequía de 1978”, tan grave para Benidorm, fue más una crisis de abastecimiento que de falta real de agua a pesar que dicho año fue muy seco. Así lo percibieron los habitantes de Benidorm que empezaron a movilizarse y a actuar políticamente, cosa en la que faltaba práctica pues se estaba en plena transición democrática. Se partía de actitudes y formas de actuar surgidas durante la dictadura, como la desconfianza hacia los políticos en general y buscar la solución en los militares. También existía desconfianza en la capacidad de gestión de las autoridades autonómicas que estaban surgiendo poco a poco y todavía no habían adoptado muchas de las competencias de la administración central que hoy nos resultan familiares. Además estaba la creencia en una corrupción generalizada en la administración.

          Este es el contexto político en el que estalló la crisis de 1978. En el mes de febrero ya surgieron las primeras voces de alerta: “Nos estamos quedando sin agua” escribía el CANFALI. Indicaba que los meses otoñales, los de máximas lluvias, ya habían pasado y el nivel de agua del embalse del Amadorio estaba bajando de forma alarmante. El problema de la falta de agua aún no afectaba al consumo urbano pero estaba perjudicando al sector agrícola. De todas formas en aquellos momentos aún se confiaba en las posibles lluvias de primavera y el problema no se percibía como alarmante. Esta actitud continuaba en el mes siguiente y CANFALI se lamentaba de que ni partidos políticos, ni sindicatos, ni asociaciones cívicas se preocuparan del tema:

“hasta la fecha, ningún partido político, ni central sindical y demás entidades vivas de la localidad, se han preocupado. Si existe alguna que lo haya hecho, Canfali lo ignora.”

          Conforme pasaba el tiempo y bajaban las reservas del agua embalsada el malestar iba en aumento y se criticaba al gobierno central por su pasividad. Se recordaba que Benidorm aportaba importantes ingresos a las arcas del Estado y a cambio no recibía la ayuda que necesitaba cayendo en actitudes de victimismo. Se sabía que las inversiones económicas necesarias para resolver el abastecimiento de Benidorm eran tan altas que era imprescindible la ayuda estatal.

          No se confiaba en el recién creado gobierno autonómico por considerarlo incapaz de resolver un problema de tal envergadura. En el mes de mayo CANFALI publicaba estas duras palabras contra los miembros del Consell que habían acudido a Benidorm para informarse sobre el problema:

“Que me perdonen las personas que forman esta nueva organización pero lo cierto es, después de oír a sus enviados (director de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente, Don Alejandro Escribano, y al director general de Obras Publicas, Don Cayetano Roca). Esta institución no sirve, por lo menos en las actuales circunstancias políticas del país, para nada. No saben nada de nada. Desconocen totalmente la problemática. Tal vez el señor "ministro", García Miralles, a su regreso de vacaciones nos pueda sorprender con su "peculiar" iniciativa. No necesitamos ayudas morales. Lo que nos hace falta son ayudas efectivas.”

          El ayuntamiento de Benidorm sí que era consciente del problema que se avecinaba. Ya en marzo el alcalde Rafael Ferrer se había reunido con parlamentarios de la UCD y había tocado este tema. Posteriormente realizó un viaje a Madrid para entrevistarse con las autoridades del Ministerio de Obras Públicas. Le acompañaba el entonces ingeniero municipal y actual conseller José Ramón García Antón. Entre otros temas se habló de la Estación Depuradora de Aguas Residuales que permitiría utilizar las aguas depuradas para el riego y las blancas para el consumo humano, con lo que se ahorraba un importante volumen de agua embalsada. El Ministerio pagaría el 35 % del importe de la obra. De todas formas era una solución a medio plazo que no resolvía el inmediato futuro, que ya se preveía muy negro.

          A corto plazo se estaban realizando prospecciones e iniciando la perforación de pozos. El Pozo de San Vicente, en el acuífero de Ponoch-Chirles, proporcionaría 115 l/sg durante los meses más críticos pero este ritmo supondría su agotamiento en unos meses, hasta que las lluvias otoñales volviesen a recargarlo. También se estaban realizando prospecciones en Beniardà, aunque de momento no se podía extraer agua.

          Por eso se iniciaban negociaciones con diversas empresas para estudiar el suministro de agua mediante buques-cisterna. CANFALI comentaba la noticia y mostraba gran preocupación por el elevado presupuesto que presentaba una empresa noruega:

Una compañía noruega ha presentado al ayuntamiento un presupuesto para traer agua en sus barcos. Dicho presupuesto, según el propio alcalde, asciende a unos 380 millones de pesetas a cuya cantidad no podríamos hacer frente.”

           Era natural que pareciese una cantidad exorbitante ya que el presupuesto municipal de ese año era de 325 millones.

          En abril el panorama continuaba sombrío dado que se estaba agotando la parte de agua que correspondía a Benidorm. CANFALI escribía el 7 de abril:

“En estos momentos en el pantano [de Guadalest] hay 4 millones de litros, que según parece y por el consumo efectuado sobre él, no pertenecen ya ha Benidorm aunque pudiéramos usar de ellos. Las fuentes del Algar como se sabe, pertenecen a la comunidad de regantes del mismo, ¿Qué tenemos? Nada de agua. Según los cálculos mas optimistas, siguiendo una política de restricciones, copia de la que pusieron en marcha los ingleses cuando tuvieron este mismo problema a nivel de estado, los próximos meses, a partir de que acabe la Semana Santa, se va a intentar que nuestra ciudad llegue al mínimo posible del consumo con vistas al ahorro para el verano. [...] Lo que pase a partir de julio ya es cosa de los dioses, y no nos extrañaría que volviera a intentarse una política de pinchazo a las fuentes del Algar, hecha esta vez por los mismos regantes, para tratar de llegar a la bolsa de agua que al parecer contiene el subsuelo.”

          El periódico informaba también que el alcalde se había entrevistado con representantes del Ministerio para exponer el caso con toda su gravedad y concluía que: “Las responsabilidades por lo que ocurre actualmente no son de nadie y son de todos.”

          En junio comenzaron las restricciones de agua potable con cortes del suministro durante la tarde y noche: desde las 13'20 horas del mediodía hasta las 7 de la mañana del día siguiente. “Es al parecer una medida que continuará hasta que aguanten las pocas reservas que ahora nos ceden los regantes de las comunidades del Algar y de Guadalest. Después a partir de julio, Dios dirá, y ojalá llueva”, escribía CANFALI. Y es que, dada la gravedad de la situación, el alcalde había negociado con los regantes la cesión de un caudal de 150 litros por segundo mientras hubiese reservas.

          La tensión del momento hizo que Canfali escribiera un artículo pidiendo la ayuda del ejército a causa de la desconfianza que se tenía de las autoridades civiles. Esta forma de reaccionar demuestra lo poco consolidada que estaba aún la nueva mentalidad democrática: “... sugerimos una visita de los alcaldes de la comarca de la Marina Baixa al señor Gobernador Militar para que éste quede enterado de la grave situación y la haga seguir al Capitán General de la de Valencia y este a su vez al Ministro Gutiérrez Mellado y por ultimo sea el Capitán General de todos los ejércitos españoles, Su M. El Rey, una vez enterado, para que dé las ordenes oportunas y se presten las ayudas necesarias a nuestra comarca. Debe quedar claro que es la única solución viable ya que por lo civil, tropezamos con políticos, intereses y demás motivaciones que organizan retrasos y perdidas de tiempo.”

          A principios de julio el alcalde, en un intento por calmar la opinión pública y no perjudicar el turismo, aseguraba que ni en julio ni en y agosto habría problemas de abastecimiento de agua, aunque continuarían las restricciones. Se pensaba que se contaba con cantidad suficiente de agua en el pantano de Guadalest. A partir del miércoles 5 de julio del 1978 se dividió Benidorm en dos sectores para el suministro de agua  y las restricciones se suavizaban: habría un día completo con agua y al otro tan sólo medio día. Se pedía que los residentes y los turistas se percataran de la delicada situación que se padecía en la comarca y que usasen racionalmente el agua, evitando despilfarrarla. Según CANFALI:

“Sería en septiembre cuando el abastecimiento se podía agravar. Siempre y cuando que el pozo de "San Vicente" [en el acuífero Xirles-Ponoch] no se pusiera en marcha. También pudiera surgir agua del pozo que nuestro ayuntamiento estaba perforando en Beniardá. Cabría pensar también en que lloviera en esos dos meses y aunque fuera poco, el pantano de Guadalest embalsaría un par de millones de metros cúbicos que eliminaría ese fantasma amenazador de falta de agua que padecía Benidorm y toda la comarca.”

          La posibilidad de explotar el acuífero del Algar, próximo a las fuentes del Algar, no pudo realizarse en aquellos momentos porque los regantes del pueblo vecino de Callosa, no querían perder agua en favor de Benidorm ya que decían que era suya y que cederla perjudicaría su agricultura. Fue un hecho que hubiese podido originar, como en otras localidades valencianas, incidentes que la prensa ha denominado “guerras del agua”. Posteriormente (1979) Callosa cambió de actitud y se realizaron las perforaciones del Algar incorporándose el agua así obtenida a la que gestiona el Consorcio. Pero en aquellos momentos no se utilizaron para evitar el desabastecimiento de Benidorm.

          También se pensó en el ejército como solución de emergencia si se agotaban las reservas de los embalses del Amadorio y Guadalest:

“Cabía también la posibilidad, aunque fuera remota, de que se pidiese y declarase a la comarca de la Marina Baja como de desastre o catastrófica y el gobierno tomara medidas vigentes para solventar la gravísima situación. Para ello se podría traer agua con barcos de nuestra armada o bien que el ejército de tierra trajese el agua del Júcar (pantano de Tous) con sus camiones-tanque. De una manera u otra se realizaría un puente marítimo o de tierra para que el agua no faltase a nuestra ciudad y comarca.”

          El Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (MOPU) estaba estudiando soluciones a largo plazo. Su delegado provincial, el señor Espinosa Chapinal, decía en declaraciones a la prensa que se estaban dando todos los pasos necesarios para solventar el asunto. Destacaba "la buena voluntad por parte de todos en este tema" y que el problema quedaría resuelto cuando se realizaran los estudios cuyo presupuesto ascendía a doce millones de pesetas, por parte del MOPU, y de cuatro millones por la Confederación Hidrográfica del Júcar. Estos estudios y proyectos llevaban como meta el total abastecimiento del agua potable de la Marina Baja para el año 2025 y que el suministro sería de 2.000 litros por segundo. El señor Chapinal explicaba que se estaba estudiando un gran acuífero situado entre Pego y Gandía desde el que se podría enviar el agua a la Marina con más facilidad que desde la otra alternativa, el embalse de Tous en el Júcar.

          El señor Chapinal indicaba también que la no inclusión de Benidorm en el plan de infraestructuras de la Costa Blanca había agravado considerablemente la situación de falta de agua que se padecía. Si se hubiese hecho así en épocas anteriores, se habría construido ya la Estación Depuradoras de Aguas Residuales con lo que Benidorm y la comarca no habrían tenido el problema actual. “Con ella se hubiera verificado un intercambio con los regantes y el agua de la depuradora serviría para sus riegos y el agua embalsada en el Guadalest sería para la población”. Añadía que se estaban recogiendo la cosecha de una pésima gestión municipal y de unas actuaciones nefastas para nuestra localidad. La delegación provincial del MOPU había considerado ese asunto de la depuradora en calidad de "actuación prioritaria" y seria al año siguiente cuando se sacaría a subasta su construcción, por un importe de 350 millones de pesetas. Era tan importante y necesaria que se haría antes que la nueva carretera de circunvalación que ya estaba proyectada. Con ello se conseguiría también evitar la contaminación del mar dado que las aguas fecales se vertían directamente al mar. Se eliminaría la gran mancha contaminante que se formaba por la Punta del Cavall que tan mala imagen turística daba. Por parte del ayuntamiento se compraron terrenos en Sierra Helada, en una zona entonces muy alejada de la población, para poder construir la depuradora. 

          A finales de julio, concretamente el 29-07-1978, los alcaldes de la Marina Baja encabezados por el de Benidorm, dirigían un    escrito al gobernador provincial que luego publicaron en la prensa. En él se recogían las conclusiones de entrevistas anteriores, que consistían básicamente en un mejor aprovechamiento de las cuencas fluviales de la comarca: elevaciones de aguas del Algar y Torres a los embalses de Guadalest y Amadorio respectivamente y posibilidad de construir un embalse en la zona de las fuentes del Algar de Callosa. También se pedía información sobre el proyecto de traer el agua desde el Júcar y se avisaba que los alcaldes de la Marina querían unir sus esfuerzos en una Mancomunidad que no afectase tan sólo al abastecimiento de agua. Por su interés reproducimos íntegro dicho escrito:

“Excmo Sr.:

Rafael Ferrer Meliá, y los demás firmantes, alcaldes de los municipios que componen la comarca de la Marina Baja, ante V.E. como mejor proceda en derecho:

Exponen:

          Que como consecuencia de las reuniones celebradas con V.E. y con el fin de que exista testimonio documental de las mismas para un mejor entendimiento en próximas visitas, nos hemos propuesto hacer un resumen sobre lo tratado en las mismas, así como a hacer una revisión sobre la situación actual de la comarca de la Marina Baja.

En cuanto a los puntos fundamentales tratados en la última reunión (28-VII-78) relacionamos los siguientes:

a) Acuerdo de todos los alcaldes para integrarse en una mancomunidad de servicios que no abarque exclusivamente al abastecimiento de aguas.

b) Puesta a punto de la actual estación de elevación de aguas sobrantes del Algar al embalse de Guadalest; y conducción del mismo a los pueblos de la comarca.

c) Finalización de los trámites para llevar a cabo las obras de elevación de aguas del río Torres al embalse del Amadorio.

d) Posibilidad de realización de un pequeño embalse aguas abajo de las Fuentes del Algar.

e) Conocimiento del proceso de realización del proyecto de trasvase de aguas del Júcar a la zona de la Marina Baja.

Al margen de estos cinco puntos, nos ha llegado la noticia de una solución para el abastecimiento de aguas de la comarca para el verano próximo, dada en Madrid, en una comisión de altos funcionarios de varios ministerios con sus delegados provinciales, cuyas conclusiones desconocemos por completo y estimamos de interés el conocimiento de lo tratado en lo concerniente a nuestra comarca.

En su virtud, recurrimos en:

Súplica:

Para una vez admitida esta solicitud, tenga por hechas las manifestaciones que contiene, y se sirva instrumentar el correspondiente expediente encabezado con el testimonio de este documento.

Es gracia que esperamos recibir de V.E. Dios guarde de V.E. muchos años,

La Marina Baja, 29 de julio de 1978.”

 

          Pero a pesar de lo afirmado por el alcalde, finalmente el agua se agotó y Benidorm pasó apuros muy graves. Según indicaba Rafael Meliá en una entrevista: “Hacia el 20 de Agosto de 1978, Benidorm se quedó sin agua, el pantano de Guadalest estaba vacío y los depósitos municipales también.”

          No hubo más remedio que recurrir al transporte marítimo, tal como se había previsto. Se contrataron dos grandes barcos que estaban sirviendo aceite en Argelia y Benidorm tuvo que pagar el servicio prestado por estos barcos. Se cargaban de agua en el puerto de Alicante, mediante una conducción subterránea de dos kilómetros, que iba desde el suministro de agua de Alicante hasta el puerto. Luego estos barcos viajaban hasta Benidorm y anclaban en la bahía. El agua de estos barcos llegaba a los depósitos mediante una conducción que hubo que construir a toda velocidad. Iba por el mar y subía luego por el actual parque de l´Aigüera –que entonces era un barranco sin urbanizar– hasta los depósitos municipales, desde donde se suministraba el agua a la población. También había un buque que abastecía a camiones, para que éstos a su vez suministraran agua a algunos hoteles. La zona más perjudicada de Benidorm fue la de Alfredo Corral. Se pidió ayuda al Ejercito del Aire de Zaragoza, que proporcionó unas tanquetas llenas de agua que luego se vendía por la calle.

          Según CANFALI:

“Aguas Municipalizadas [de Alicante], por gestiones del gobernador civil, nos está dando el agua de los barcos de la armada, tres en la actualidad, cargan y, en unos días nos dará de 15 a 20 mil toneladas diarias par acabar con la falta de agua potable.”

          Las autoridades estaban realmente preocupadas porque el descontento de la población era grande y justificado. Según CANFALI:

“Las reuniones se suceden constantemente y es que existe una gran preocupación e interés, por lo menos a nivel local y provincial (en algunas entidades y organismos) para solucionar el problema del agua potable para nuestra ciudad y resto de la comarca de la Marina Baixa.”

          A principios de septiembre (9-9-78) se celebró una nueva reunión en el gobierno civil a la que asistieron algunos alcaldes de la Marina Baixa (Altea, Villajoyosa, Callosa y Benidorm) y faltando otros (la Nucia, Polop, Finestrat y Alfaz del Pi). Esta reunión era previa a otra que se celebraría posteriormente con funcionarios y técnicos del Ministerio de Industria que se habían desplazado, desde Madrid hasta Alicante para ponerse al día en todas las gestiones que hasta la fecha se habían realizado al respecto.  Los representantes del Ministerio de Industria fueron un secretario general técnico, delegado provincial, jefe de la División de Aguas y un ingeniero de Instituto Geológico y Minero de España, organismo autónomo del mismo ministerio. Posteriormente el gobernador civil de Alicante convocó una reunión con los medios de información, entregándoles el siguiente comunicado:

“El gobernador civil de Alicante, Don José Duato, solicitó en telegrama enviado al ministerio de industria y energía el día 6 de septiembre, el apoyo del ministerio para explorar las posibilidades de resolver el problema del abastecimiento de agua a la Marina Baja. Como resultado de ese telegrama se han reunido en el Gobierno Civil de Alicante, el gobernador civil, el secretario general técnico y el delegado provincial del Ministerio de Industria y energía, el jefe de la División de Aguas y un ingeniero del Instituto Geológico y Minero de España, organismo autónomo del Ministerio de Industria y Energía.

          Los representantes del ministerio, que tiene la responsabilidad de la investigación y evaluación de los recursos subterráneos del país, ofrecieron los resultados obtenidos del Plan Nacional de investigación de aguas subterráneas, comenzado en 1972 y terminado en lo que respecta a la provincia de Alicante. Esos resultados, imprescindibles para una planificación y gestión racional de los recursos hídricos se resumirán, a petición de la autoridad provincial, en un documento que contemple las posibilidades a corto plazo para el suministro de agua a Benidorm y a medio y a largo plazo para toda la Marina Baja.

          Se espera que este documento pueda entregarse en unas pocas semanas. Una vez conocido el contenido del Informe y, previa petición de los municipios afectados, el Instituto Geológico y Minero de España, podrá iniciar los trabajos necesarios para la captación de aguas.

Para que el próximo verano no padezca Benidorm los problemas que han sido recurrentes en los últimos años, deberían iniciarse –paralelamente a las obras de captación– los proyectos de transporte de los posibles caudales a explorar, responsabilidad esta última que habría que coordinar con otros ministerios responsables. Las posibilidades a plazo corto, identificadas para el caso de Benidorm, serían transitorias y de emergencia, y se contemplarían dentro de un conjunto de medidas a medio y largo que serán las que, en definitiva, resuelvan el problema del abastecimiento de agua a la Marina Baja”.

          A la escasez de agua se unía la preocupación por la situación sanitaria que originaba. Según CANFALI

“... tal vez esto haya sido el acicate para la rápida intervención del envió de barcos de nuestra Armada de Guerra, con miles de metros cúbicos de agua potable.”

          También indicaba que el malestar de los vecinos se dejó sentir de formas diversas:

“Hace días en la avenida de los Almendros, según nos dicen, los bomberos retiraban de un balcón una pancarta que hablaba de peligro de tifus que se estaba corriendo. La dueña de la vivienda prohibió la entrada a los agentes de la autoridad a retirar dicha pancarta. Lo cierto es que el peligro de ese tipo de fiebres se cierne sobre nuestras cabezas. Que sepamos ya son varios los casos dados últimamente.”

          Los sacrificios exigidos a la población y el peligro para la salud pública que se percibía crearon un ambiente de fuerte malestar en toda la población. Fruto de esta actitud cívica sería la manifestación convocada por una veintena de partidos, sindicatos y asociaciones el 17 de septiembre de ese año y a la que asistieron, según la prensa, unas 1.500 personas. Se pedía a las autoridades una serie de soluciones para minimizar el impacto de las restricciones de agua que estaba sufriendo la ciudad a causa de la sequía.

          Según indicaba Rafael Ferrer, el Gobierno pensó en cerrar Benidorm para los turistas y desviarlos hacia la Manga del Mar Menor o a Mallorca, pero el alcalde se opuso con todas sus fuerzas y finalmente la propuesta no se llevó a término por las graves consecuencias que habría tenido para la campaña turística. Posteriormente el Gobierno ayudó a Benidorm pagando la entonces importante cantidad de 347 millones de pesetas, el total de los gastos que originó el abastecimiento de agua durante sequía.

          La utilización de las aguas subterráneas se había convertido en una necesidad urgente para evitar el recurso a los barcos. Curiosamente, según indicaba CANFALI, el pozo de Polop, propiedad del ayuntamiento de Benidorm estaba cerrado por orden judicial:

“Una pregunta que se hace bastante gente es si, podría llegar a abrirse el pozo de Polop clausurado por el Supremo, tras un pleito, ya que prima el interés general de la comunidad, y sobre todo el que se está empezando a considerar que todas las aguas subterráneas pertenecen al Estado (El fondo del problemas es el que el subsuelo en España no es del Estado, y sólo pertenecen a la comunidad nacional ciertas riquezas que en él se encuentran, se acaba de decir ). Lo que podría ser llevado a la nueva Ley de Aguas que está en estudio. Francamente creemos que abrir ese pozo es cuestión urgente a solicitar de quien corresponda.”

          El Ministerio de Industria aceleró la perforación de los pozos de Beniardà. Los gastos corrían de momento por su cuenta, aunque se indicaba que si se obtenía agua serían pagados por los municipios beneficiados. También los particulares buscaron solucionar el problema contratando sondeos para su abastecimiento. CANFALI publicaba el 10 de octubre:

“PERSOND AFLORA VARIOS POZOS EN BENIDORM. En nuestra ciudad y comarca se encuentra un equipo de la casa persond, especializado en el hallazgo de aguas subterráneas y que en pocos días ha dado positivos resultados en sus perforaciones. Que sepamos, hasta la fecha, ha conseguido, con su moderno equipo solucionar el abastecimiento de agua en Playmon Park, camping Benidorm, Acacias 2, Acacias 4, Europa Park y colegio Lope de Vega. Esto en cuanto a comunidades de vecinos. Aparte ha resuelto el abastecimiento de agua a don Ignacio Llorca y al doctor Ortiz de las Heras. En todos estos casos los caudales hallados son más que suficientes para cubrir las necesidades exigidas. Este tipo de gestión debería ser seguido por hoteleros y demás industrias que necesiten agua en cantidad ya que conseguirían paliar el consumo de la población.”

          Claro que esta visión optimista facilitada por CANFALI no se correspondía siempre con la realidad: detrás del Hotel Pueblo, según indicaba Rafael Ferrer, se hicieron unas perforaciones pero no salió agua potable sino, salada. Al no poder usarse para el consumo humano se utilizó para los inodoros, pero la solución tampoco fue eficaz porque al cabo de un tiempo tuvieron que cambiar todas las instalaciones del hotel, ya que el agua salada las había oxidado.

          Fue finalmente esta agua subterránea, especialmente la de Beniardà, la que permitió salvar la situación y volver a un suministro más normalizado. Habían sido unos meses duros, por los constantes cortes en el suministro, que habían puesto en peligro la salud de los ciudadanos y habían suscitado temores por el futuro del sector turístico.

 

Las consecuencias de la sequía de 1978

          El desabastecimiento de agua potable del verano de 1978 fue una situación penosa y lamentable, que implicó sacrificios para la población y perjuicios para la economía turística, aunque parece ser que no afectó tan gravemente a la primera actividad económica de nuestra ciudad. Según declaraba Rafael Ferrer:

“No se encontró una disminución del turismo en general, los únicos turistas que dejaron de venir fueron los del país Alemán. Los alemanes que venían no eran turistas sino, periodistas,  que venían a dar una mala imagen de Benidorm, aunque finalmente pasó todo lo contrario y en las revistas alemanas publicaron que el problema de Benidorm se estaba solucionado gracias a unos barcos que aportaban agua.”

          Pero esta visión optimista del alcalde no era del todo correcta. El turismo alemán tardó muchos años en recuperarse, aunque también es cierto que su ausencia fue compensada por turistas de otras nacionalidades. La crisis turística duró apenas tres años y luego se recuperó rápidamente. Como se puede comprobar en la gráfica nº 2 las cifras de visitantes de 1978 disminuyeron respecto al año anterior y más aún las de 1979, pero en 1981 ya se superaban los 160.000 visitantes en verano.

          Para Benidorm sí que tuvo una consecuencia importante: poner de manifiesto que, además de resolver el problema urgente y a corto plazo de suministrar agua potable, estaba la necesidad de resolver el problema a largo plazo para que la solución fuera definitiva. Para ello se adoptaron varias líneas de actuación que fueron continuadas en los años siguientes:

- captar nuevos recursos, fundamentalmente de agua subterránea.

- aporte de recursos de otras cuencas hidrográficas, como la del Júcar.

- optimizar los recursos fluviales ya existentes mediante un sistema de bombeos en los ríos que enviase a los pantanos el exceso de agua.

- depuración de las aguas residuales, utilizándolas para la agricultura y liberando para el consumo humano las aguas blancas.

- respeto a los derechos de todos: de los regantes y de la población, de los municipios que tienen agua y de los que no tienen, aportando los primeros su agua y los segundos compensándoles económicamente.

- conveniencia de aunar esfuerzos y resolver el problema del agua no desde el ámbito estrictamente municipal sino desde el comarcal evitando así las “guerras del agua”.

- gestión integral del agua (subterránea, de los ríos, depurada) coordinando las diversas instituciones y empresas implicadas (Confederación Hidrográfica del Júcar, ayuntamientos, empresas que como Aquagest gestionan el suministro urbano, etc.)

          La consecuencia fue por una parte la potenciación del Consorcio de Aguas de la Marina Baja y por otra la creación de un conjunto de infraestructuras: bombeos, conducciones, sondeos, etc. Destacó la perforación de varios pozos a finales de 1978, sobre todo en el acuífero de Beniardá, que continúa siendo en la actualidad un recurso hídrico muy importante. Posteriormente se pondría también en explotación el acuífero del Algar (1979). Además se iniciaron los trámites para la creación de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de Benidorm, aunque su funcionamiento efectivo se inició en la década de 1980 bajo gobierno del PSOE. Se trató de la primera depuradora de la comarca y permitió utilizar las aguas del Canal Bajo del Algar para el consumo humano a cambio de ceder las aguas depuradas para usos agrícolas. Por otro lado se prolongó el Canal Bajo del Algar y se construyó la elevación del río Torres lo que permitió conectar ambas cuencas (Algar y Amadorio) e iniciar una etapa de utilización conjunta e integral de los recursos hídricos de la Marina Baixa. El bombeo del agua del Algar hacia el embalse de Beniardà estaba en esa misma línea.

          Actualmente la gestión del agua que realiza el Consorcio de Aguas de la Marina Baja se considera ejemplar por los expertos en el tema.

 

 

Bibliografía:

- ALEMANY FERRER, Rafael: L’associació de veïns “l’Illa”. Revista Oficial Festes Majors Patronals de Benidorm. 1999.

- Ayuntamiento de Benidorm: PLAN GENERAL DE Ordenación Urbana de Benidorm. año 1986

- Entrevista a Rafael Ferrer Meliá, alcalde de Benidorm en 1978

- GIL OLCINA, A. Y MORALES GIL, A.: Causas y consecuencias de las sequías en España. Alicante, 2001.

- GONZALEZ HIDALGO, José Carlos: Variaciones estacionales de la precipitación en la costa este peninsular durante la década de los años noventa. Universidad de Zaragoza.

- OLCINA CANTOS, Jorge: Efectos económicos y territoriales de las sequías en las tierras alicantinas. Instituto Universitario de Geografía. Universidad de Alicante. Ponencia en el congreso Conflicts on water use in the Mediterranean Area. Cagliari, 1999

- Periódico CANFALI del año 1978

- RICO AMORÓS, Antonio M.: Escasez de recursos de agua y planteamiento de trasvases en la provincia de Alicante: la transferencia Júcar-Vinalopó. Instituto Universitario de Geografía. Universidad de Alicante. Ponencia en el congreso Conflicts on water use in the Mediterranean Area. Cagliari, 1999

 

 

 


 

[1] Esta es la afirmación que se recoge en todos los manuales. Sin embargo hay estudios que la ponen en duda. Un trabajo publicado por José Carlos González Hidalgo, profesor del departamento de Geografía de la Universidad de Zaragoza plantea la posibilidad de un cambio en la participación estacional, ganando porcentaje las lluvias de invierno sobre las de otoño. El proceso, según el autor, parece ser generalizado

[2] El gráfico es de elaboración propia pero recogiendo los datos publicados por PÉREZ CUEVA, A. J.  en Las sequías en tierras valencianas, dentro de la obra Causas y consecuencias de las sequías en España. dirigido por GIL OLCINA, A. y MORALES GIL, A. Alicante, año 2001 (pág. 143)

[3] OLCINA CANTOS, J.  en “Causas y consecuencias de las sequías en España, pág. 50.

[4] Gráfica de elaboración propia a partir de datos obtenidos del “Plan General de Ordenación Urbana de Benidorm” del año 1986, pág. 59

[5] El 28-2-1960 se inauguró la red de conducción de agua potable de Benidorm

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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