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En la Edad Media nos servíamos de propios y mensajeros para poder remitir nuestras epístolas y mensajes. Mas también se puso de moda enviar los mensajes con palomas. Estos pergaminos se ataban a la pata de la paloma y ¡ A volar ! Naturalmente había que tener un buen palomar pero se presupone que señores que podían atravesar Castilla y media España y llegar hasta el mar, cruzando tan solo por territorios de su propiedad, no tendrían problemas de palomas. En el terreno sentimental era mas apropiado utilizar la paloma. El propio, aunque fuese de confianza suma, siempre no dejaba de ser un testigo que, cuando menos, sabia el destino de la misiva. Como los sentimientos no siempre pueden ser notorios sino que a veces las circunstancias y el estado de los amantes obliga a mantenerlos en secreto, el medio ideal de comunicación y de transmisión de mensajes era, sin genero de dudas, la paloma. De aquella época recuerdo lo que, en cierta ocasión me sucedió. Recuerdo cierta mañana que partía en mi caballo desde el Castillo de Peñiscola con destino a Avignon. No había traspasado la primera muralla cuando, al paso, subían dos damas .La primera me impresionó. Montaba un caballo bayo sobre silla castellana. Portaba un vestido veneciano, rombeado, que cubría con un tul plateado. Mas lo que me subyugo fue su mirada. Le hice unas preguntas a su palafrenero con el fin de detener al grupo y ello me permitió intercambiar algunas palabras. Las suficientes. sabia hasta donde vivía. Mas al despedirme le dije : " Señora, tanto me habéis impresionado que vuestro nombre obvie demandaros ". Ella, complaciente, me respondio: " Brunilda es el nombre de mi madre . . . ." . El resonar de los cascos de mi caballo impidió que escuchase la frase compleeta; solo escuche " Brunilda ". Cuando llegue a Avignon lo primero que hice fue ir en busca de un mercader que solía estar por la plaza. Le dije: " Un especial favor pretendo me hagáis ". . ." Decid, señor ", me respondió. Acto seguido le encargue: " Pon todo tu empeño. Busca cuantas palomas puedas encontrar. Que sean ligeras de pluma. He de mandar una infinidad de mensajes ". La preocupación del mercader le impulso a preguntarme: " ¿ Se incrementa la guerra con los sarracenos ? " contestándole, con la mayor naturalidad : " No. Simplemente estoy enamorado y he de remitir miles de epistolas. ¡ El cuerpo me lo pide; el alma mas ! Así comencé aquel romance. Mis epístolas de amor a Brunilda salían solas. Varias diarias. Las palomas estaban trabajando a destajo. Y así estuve meses. . . . No quiero recordar lo que sucedió cierta mañana. Sonaban las campanas, al vuelo, de todas las Iglesias; las mujeres del pueblo corrían por las calles, desencajados los corpiños. Los hombres, con la horca al hombro se escondían en los pajares. . . Vinieron en mi busca mi director espiritual, asistido de dos diáconos, un alférez y varios cortesanos, clamando " ¡ Que habéis fecho questa vez ! ¡ Abajo, en nuestras puertas, hay un ejercito que viene en vuestra busca ! Lo manda Don Pero Bravo di Corno y dice ¡ que os habéis estado carteando con su esposa Doña Brunilda ! a todo esto se escuchaban, desde la calle, las voces, verdaderos alaridos, de Don Pero :" ¡ Donde esta ese cabrón ! ¡ Lo pienso matar !" . . . . Para poder escapar de todo ese ejercito, me disfrazaron de dama, me colocaron una peluca y sali a la calle en compañía de mi director espiritual y los diáconos. Yo, en plan recatado. Cuando, desde su caballo, me miro Don pero exclamo: ¡ Esta es la dama que nos necesita ! ¡ Una mujer virtuosa que se hace acompañar por su director espiritual ! ¡ Que me la traigan ! ¡ La voy a desposar aquí mismo !". . . Que ¿ Como termino todo ? Pues yo corriendo, mi director espiritual corriendo,. . . .y ¡ Menos mal que al final me desperté del sueño ! ¡ Una autentica pesadilla ! |
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