Juan Ramirez, ya hemos comentado en alguna ocasión, que representa la pureza del flamenco. Cierto es que su gravedad, seriedad y profundidad de su arte es una religión que eleva a lo sublime. Cuando baila observas que experimenta una concentración total en su taconeo; en esos momentos, no creo que exista otra cosa en su entorno y en la medida que esa concentración se incrementa su arte se eleva de forma no centrífuga sinó centrípeta. Lo que hace lo hace a la perfección.

 
     
     
 

 
     
     
     
 

 
     
     
     
 

 
     
     
     
     
 

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