ORATORIA Y ELOCUENCIA

 
     
     
     
 

          La oratoria es el arte  de conmover, deleitar y persuadir , por medio de la apalabra,  inflexiones de voz y otros recursos. La elocuencia es la parte de la retórica que enseña cuanto se refiere a la oratoria. Han habido quienes pretenden encontrar la diferencia entre oratoria y elocuencia en que ésta no se limita a la palabra sino también utiliza el gesto, la mirada, las lagrimas, los suspiros e incluso hasta el silencio que, en ciertos casos, puede ser bastante elocuente. Tanto en la oratoria como en la elocuencia existe una finalidad muy concreta: el convencimiento del auditorio. En suma la oratoria se realiza en el discurso mientras que la elocuencia puede manifestarse en la conversación cotidiana.  Existe una gran diferencia entre un poeta rapsoda y un orador: el rapsoda recita una composición y tratará de hacerlo con la mayor perfección pero no se saldrá del texto de su poesía en cambio el orador puede alterar el texto de su discurso en función de como perciba que impacta en el auditorio; en este sentido el orador dispone de un margen de maniobra y mucha mas libertad de acción.  

 
 

            Para un orador es fundamental estudiar a su auditorio calculando sus creencias, gustos, grado de inteligencia. . .etc. y percibir el grado de heterogeneidad que lo compone; no es lo mismo hablar para un público diverso y heterogéneo que para un publico de adeptos y esta realidad la podemos comprobar en los discursos políticos: es muy diferente que el orador se dirija a un publico diverso y que se encuentra en un espacio público donde puede acudir cualquiera a que ese mismo orador pronuncie su discurso en un recinto cerrado donde tan solo asisten sus adeptos pues éstos están dispuestos a apoyarle a poco bien que lo haga.

 
 

            La elaboración de un discurso oratorio implica un fuerte y profundo conocimiento de la materia a tratar y fuerza dialéctica. Si para hablar en público hay que tener, en primer lugar, algo que decir, cuando se trata de convencer a ese público de cuanto se dice ello ha de apoyarse en un dominio total del tema; a partir de ahí entrarán en juego todos los recursos de la oratoria para poder alcanzar el fin: convencer al auditorio. Por ello el orador tendrá que dominar perfectamente la inducción y la deducción. En una argumentación deductiva el orador parte de principios que tiene por ciertos el auditorio y demuestra que una argumentación particular está contenida en una general. En el razonamiento inductivo cuando el orador utiliza hechos suministrados por la experiencia o la observación marcha de lo particular a lo general.

 
 

          Aristóteles en su tratado de los Topicos y en La Retorica marca los puntos capitales que pueden servir de guión en la elaboración de un discurso; y estos tópicos en orden a su contenido podían dividirse en lugares comunes y lugares propios. A partir de ahí el orador ya sabia, los utilizase o no, todos aquellos puntos propicios a la retórica. Por este camino llegamos a un punto que el orador debe tocar con gran tacto: inculcar en el auditorio la importancia de la materia de que se está tratando. La lengua griega se prestaba bastante a la oratoria, ya que ofrecía distintas posibilidades: Decir la oración completa o parte de ésta formarla con vocablos compuestos. Un ejemplo clásico de orador fue Demóstenes, quien superó la tartamudez e incluso disertaba, en la playa, frente a las olas para acostumbrarse al clamor de las masas; se hicieron celebres sus "Filípicas" contra Filipo, rey de Macedonia, a quien acusa de pretender la ocupación de Grecia; tras la acusación de Esquino, pronunció el famoso discurso de la Corona. Y si nos hemos referido a la Gracia clásica no podemos olvidarnos de otros grandes oradores, el primero de los cuales fue Solón, seguido de Temistocles  durante las Guerras Médicas y Pericles, marcando tres periodos de tiempo muy definidos. 

 
 

          El discurso oratorio debe estar tan preparado que parezca una improvisación. Cobrará mas fuerza. Para conseguir tal efecto a veces hay que recurrir a los resortes de la elocuencia con brotes de pasión efervescente. Y el orador ha de marcarse un plan de discurso que estará subordinado al estado del auditorio. El público debe de estar pendiente de cuanto escucha y no perder el grado de atención necesaria. Si el orador observa que ese grado de atención puede decaer antes de que suceda tendrá que alterar su plan e introducir elementos de activación. Ello se suele conseguir con ciertas frases emotivas que puedan hacer vibrar al auditorio. Es preciso controlar el hilo conductor que se produce entre la palabra y quienes la escuchan; ese hilo conductor debe de controlarlo el orador y de ello dependerá el éxito de nuestros propósitos. El discurso en sí se compone de varias partes que los retóricos definieron como: exordio o preámbulo e introducción del discurso que sirve de preparación al ánimo de los oyentes; proposición y división donde se realiza el enunciado de cuanto se va a tratar y como se va a hacer; , narración de cuanto supone el contenido principal del discurso;  confirmación que es donde se prueba la verdad de la proposición; , refutación donde se desvirtúan las razones de contrario demostrando que son falsos; la refutación no es necesaria en todo tipo de discursos ya que no siempre hay argumentos que rechazar. Cuando Quintiliano aborda las pruebas que debe utilizar el orador en defensa de sus argumentos comenta que esas pruebas deben ser sólidas, propias y peculiares y advierte, además, que no basta con que el orador deba probar sus afirmaciones sino que deberá disipar toda duda. Lo que nos conduce a la importancia del concepto de la refutación. El valor de la prueba y la refutación son aspectos que debe dominar el orador.  y finalmente la  peroración que actuaría a modo de resumen.  

 
 

            En cuanto a la elocución o estilo, la oratoria habría que ubicarla entre la elocución poética y la didáctica o filosófica. Si en la oratoria se utilizasen los recursos poéticos en su totalidad se terminaría por restar fuerza al discurso; y si nos valiésemos tan solo de los razonamientos filosófico didácticos el discurso podría pecar de monotonía. De ahí que convendrá utilizar de cada rama aquellos recursos que tan solo nos sean precisos. En el mundo romano, M. Porcius Cato Censorius, impulsó el latín frente al griego, en todos sus discursos. Cicerón dio muestras de su dominio de la oratoria, de quien se dice que conocía más de 15O discursos de Caton, el que había definido al orador como vir bonus dicendi peritus, lo que, a su vez, era compartido por Quintiliano. Tanto Cicerón como Quintiliano conocían perfectamente la obra de Aristóteles. Y ya que nos referimos a Roma podríamos dividir la practica de la oratoria en tres periodos; 1 ) el primero de ellos seria preciceroniano y estaría protagonizado por Fabio, Escipión, Labeón, Metelo, Galba, Emilio Lépido, los dos Lucios, Espurio, Mummio, Gabón, Tiberio Graco, Léntulo, Decio, Druso, Flaminio, Curio, Butilio, Catón el Censor, Lucio Licinio Craso, Marco Antonio. . . etc. 2) Un segundo periodo clásico habría que reservarlo para Cicerón ya que su gigantesca obras sobresale sobre todas las demás; lo cual no implica olvidar a otros contemporáneos y rivales de aquel cual serian Hortensio, de palabra ardiente, Calvo de gran concisión, al majestuoso Cesar o a Bruto con la gravedad de su palabra.  3) En el periodo postciceroniano ya encontramos una decadencia en la oratoria y pese a ello destacaron Domicio Afer, Crispo Pasieno, Décimo Lelio y Julio Africano.

 
 

           Uno de los resortes del estilo es la amplificación: su importancia es tal que algunos tratadistas han pretendido incluirla como parte del discurso. Consideramos que su importancia es tal pero que la amplificación es un recurso que puede utilizarse en distintas partes del discurso según convenga y por ende actúa no como parte sino como recurso en si. Otro aspecto muy importante a tener en cuenta es la pronunciación pues será la que favorezca el relieve de la dicción. La eufonía dependerá de la cualidad o metal y también de la modulación. Y para conseguir una buena modulación habrá que tener en cuenta las reglas del ritmo y la melodía entre las que se encuentran la unidad y la variedad. Otra cuestión importante es la acción  que será la que realce la fuerza de expresión. La acción deberá estar en consonancia con la voz y por tanto con las ideas y efectos que se utilicen.

 
 

           En cuanto a los Géneros de la Oratoria tanto los griegos como los romanos la dividieron en tres: a) demostrativo, b) deliberativo y c) judicial. El género demostrativo abarcaba  el panegírico, las acusaciones de crímenes contra el Estado, acusaciones, oración fúnebre...etc. El género deliberativo  era el que se empleaba en el Senado y tenia por objeto aconsejar y disuadir. El Genero judicial tenia por objeto acusar o defender. Mas esta clasificación clásica fue sustituida por otra que comprendía tres formas de oratoria: a) sagrada, b) forense y c) política.

 
 

           La oratoria sagrada ha sido importantísima desde la antigüedad clásica y muy especialmente desde que surge el Cristianismo. Quizá es la forma de oratoria mas artística, poética y sublime. Las religiones que mas se han desarrollado han tenido como uno de sus pedestales mas sólidos la predicación y el sermón. Los oradores sagrados que se han destacado a lo largo de la Historia tenían una gran preparación; ello es imprescindible siendo las fuentes de este genero de oratoria: la Sagrada Escritura, los Santos Padres, la teología y la liturgia. Si en cualquier otro genero de oratoria el poder de persuasión juega un gran papel en la sagrada tiene una mayor importancia ya que el oyente espera no solo que se le convenza sino alcanzar un grado mas sublime en su identificación y creencias.

 
 

          Dentro de la oratoria sagrada podemos distinguir varios tipos de sermones: a) el sermón moral o plática donde el orador aplica los criterios religiosos a los comportamientos humanos y sociales en un momento y lugar determinados. b) el sermón religioso cuya naturaleza es esencialmente didáctica; c) el sermón apologético que constituye una alabanza o elogio a cualquiera de los principios, instituciones o personajes en el orden religioso y d) los sermones evangélicos que son parecidos a los religiosos pero que se concretan mas a pasajes de los Evangelios. Entre los grandes oradores sagrados merecen ser citados San Justino, Clemente de Alejandría utilizando el griego y Tertuliano, Arnobio de Licea y Lactancio usando el latín. La figura mas grande anterior al siglo IV, siglo de oro de la oratoria sagrada, fue San Jerónimo. Y ya en pleno siglo IV surgen San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisostomo. Los siglos siguientes lo marcan San León y San Gregorio. Y tendremos que dar un salto en el tiempo y situarnos en el siglo XI para encontrar predicadores de la talla de Pedro el Ermitaño capaces a arrastrar muchedumbres a las cruzadas. . .  a San Francisco de Asis, Santo Domingo de Guzman, el beato Jordan de Sajonia con un poder extraordinario de convocatoria.  Y nuevamente a partir del siglo XVII se vuelve a experimentar un auge en la oratoria sagrada, especialmente en Francia con Bossuet, Bourdelone, Flechier, Feenelón, Massillon. . . y otros como San Francisco de Sales, el padre Ligendes, el abate de Saint Cyran. En Alemania destacaron los predicadores de la Reforma, tanto Lutero como Melanchton; en Inglaterra Tilloson y Blair; en Italia el padre Señeri; en Portugal el padre Antonio Vieira

 
 

          En la oratoria forense el lenguaje es mas técnico y la disertación se articula en una primera fase expositiva de hechos tras la que continua una segunda de argumentación jurídica para terminar y concluir con la petición. Tratándose de casos muy específicos donde no caben divagaciones de clase alguna la oratoria se desarrolla dentro de unos márgenes muy limitados.

 
 

           En la oratoria política es donde existe mas libertad de formas y se desarrollan todo tipo de recursos. La oratoria politica se puede subdividir en a) oratoria parlamentaria y b) oratoria popular.

            Dentro de la oratoria política parlamentaria un hombre que, junto a su oratoria tuvo un estilo muy definido, fue Donoso Cortes, quien, especialmente a raíz de 1.843, tuvo brillantes intervenciones en el Congreso Español. Después de las elecciones de 1.869 Emilio Castelar alcanza un gran triunfo en Zaragoza destacando por sus discursos sobre la libertad de conciencia, la impugnación del proyecto de constitución monárquica y el famosísimo sobre la existencia de Dios.

            Antonio Maura, dividía la oratoria política en "triunfante" y "militante":  en la primera se presupone el convencimiento del publico; la segunda implica la atracción del auditorio a las posiciones del orador.

            Martín Alonso considera que el arte de orador consiste más que en emitir ideas, en conseguir una perfecta comunicación con el oyente.

            Y sucede que una cosa son las ideas, y otra lo que el auditorio quiere escuchar. Un orador puede tener muy buenas ideas, pero si no sabe exponerlas, no se ganará a su público. Quizá por esta razón, Unamuno se mostrase bastante escéptico al ocuparse de estos temas; decía "el que quiera oír vaciedades más o menos sonoras, que acuda a un meeting..."

            El derrotismo de Unamuno, muy típico en función de su temperamento, no se puede aceptar enteramente. Hoy día, se lleva otro estilo de oratoria más sobrio, pero...¿Por qué se lleva?. Hay quien pensará que porque la moda es ésa; otros quizá piensen que hoy no abundan oradores como Jovellanos, Melendez Valdes, Arguelles, Muñoz Torrero, Calatrava, Gallego, Martines de la Rosa, Alcala Galiano, Donoso Cortes, Ruiz Zorrilla, Castelar, Salmerón, Canovas, Sagasta, Canalejas...y tantos otros.

            Durante la II República Española destacó como orador Manuel Azaña quien, precisamente, en el 1.900 se Doctoró en Derecho con la tesis " La responsabilidad de las multitudes". José Antonio Primo de Rivera, destacó por su peculiar estilo que implicaba nuevos aportes literarios y recursos variados y se configuraba como triunfalista e impactante.

            Durante la Dictadura de Francisco Franco ante la inexistencia de Partidos y de la lucha parlamentaria entre ellos no podía esperarse que surgiesen oradores de tal naturaleza. De aquella época uno de los hombres que más se ha destacado como orador ha sido Blas Piñar, cuyos discursos dan muestra de su poder de atracción y líder de masas.

 
 

            Durante la época de la Transición comienza una nueva vida parlamentaria. No podemos decir que se hayan producido grandes oradores. Si han habido hombres con estilos muy definidos: por ejemplo el Presidente Suárez con una dicción muy calculada  y altanera; Guerra con un verbo agresivo se enmarcaba en una línea populista; quizá el mas convincente fuese Felipe González utilizando todo tipo de recursos. Todos los demás se encuadran dentro de una oratoria monótona y plana lo cual no significa que el contenido de sus mensajes no fuesen importantes; pero aquí estamos hablando ahora de oratoria y en este sentido no podemos concluir que nuestros políticos se hayan destacado en este genero.

 
 

           Claro que algunos pensarán que lo importante, no es el continente, sino el contenido, no la forma de decirlo sino lo que se dice. Pero, en realidad, tampoco se dice mucho. A veces escuchamos discursos, replicas palabras, etc., de muchos que nunca dicen nada. Y me acuerdo de las palabras de Marcial a Névolo causídico: "Cuando todos chillan, sólo entonces tú hablas, Nevolo, y te crees patrono y causídico. Con este sistema, no hay nadie que no sea elocuente y ahora que todos callan, Névolo, dinos algo"...Sí ,...y escuchamos un silencio parlamentario que viene a ser de la imaginación su tumba, y de la oración un sudario.

 
 

           Si en la actualidad carecemos de oradores de gran talla no puede echarse la culpa a la inexistencia de vida parlamentaria o política. No es por eso. La vida parlamentaria existe y los meeting también. Si realizamos un estudio comparativo entre los políticos actuales y los de épocas pasadas observamos una gran diferencia: los políticos de pasadas épocas tenían una fuerte preparación lo que no sucede en la época actual. Y hay que partir de ahí. Si leemos las biografías de aquellos grandes oradores que han marcado la Historia observaremos que todos ellos tenían esa preparación de la que hablamos y se habían destacado en las áreas del pensamiento, literatura, periodismo. . .Eran hombres que teniendo esa preparación y una posición se pasaban a la política. Que ello no es lo mismo que carecer de esa preparación, no haber destacado en campo alguno y si se conocen a algunos de estos personajes es precisamente porque de forma directa han accedido a la política. ¿ Que sucede ? Pues que el listón de los políticos es muy bajo. Y el gran orador no siempre se produce pero cuando surge es en el seno de los hombres que están muy preparados. Y ante esta realidad a veces se dice que el estilo ha cambiado. Es cierto que ha cambiado pero ¿ Por que ha sucedido ? Ha tenido que cambiar porque los estilos los crean las personas y ante la inexistencia de políticos de calidad  el listón se baja paulatinamente lo que ocasiona , a su vez, ese cambio en el estilo. Ha sucedido en otras áreas. Por ejemplo, no hay un ambiente poético. . . ¿ Significa esto que la poesía no existe ? ¡ En absoluto ! ¿ Lo que no existe son los grandes poetas ! Y lo mismo pasa con la pintura, la literatura, la moda. . .etc. Estamos en el declive de una civilización que ha conseguido grandes logros en el terreno de la técnica y la informática porque, en definitiva, ello se debe a un reducido número de genios, pero que  cada vez tiene menos formación y educación. Y este es el gran problema que tiene planteada la sociedad. Así que si no existen grandes oradores es por la misma razón que tampoco existen grandes pintores, literatos o poetas.

 
 

          El político actual es conocedor de la realidad y cuando tiene que explicarse ante su público no realiza un esfuerzo de oratoria sino que confía en que diga lo que diga sus adeptos se lo van a creer. Los medios de información y televisivos nos están lanzando mensajes diariamente que el pueblo sabe que son mentiras y que los políticos confían en que una mentira, repetida una y otra vez se convierta en una verdad o cuasi verdad. Esos mensajes informativos que actúan como un bálsamo para  las mentes de los electores sean el remedio ante la falta de preparación, de formación, de ideas y de cualidades oratorias del político en cuestión. 

 
 

          Esta realidad que apuntamos no hay que interpretarla de forma catastrofista. Estamos convencidos de que asistimos a un periodo de la Historia bastante decadente. Pero también a lo largo de esa misma Historia se han conocido momentos de decadencia lo cual no significa que luego pueda volver un periodo de recuperación. Si analizamos cada uno de los siglos pasados observaremos que hay siglos que se han destacado y otros que han pasado sin pena ni gloria. Y en este periodo de tiempo en el que vivimos cuando se realice un estudio desde una perspectiva histórica se destacará por los avances informáticos, algunos en medicina, cirugía o en física. . .pero, desde luego, no en humanismo. Ese resurgimiento humanístico está por llegar y vendrá una época futura en que se produzca un resurgimiento similar a lo que  fue el conocido Renacimiento. Cuando llegue esa época, que posiblemente nosotros no veamos, renacerán las ideas, los conceptos, las formas y todo ello repercutirá en las letras y en la forma de manifestar esas ideas. En esos ambientes surgirán nuevamente los charlistas y también los oradores.

 
 

Juan Aznar Sánchez

 
     
     
     
 

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