Recuerdo que era la noche del 31 de Octubre y había estado respirando todo el ambiente en torno a la Fiesta de Halloween ; ya me encontraba en cama pero aún seguía pensando en todo el significado de esa Noche de Brujas.

 
     
     
     
     
 

 
     
     
 

Me quedé mirando fijamente esta vela y pronto el balanceo suave de su llama y su cambiante juego de colores en rojo, amarillo, blanco, violaceo producían y creaban imágenes que trataba de conocer

 
     
     
     
 

 
     
     
     
 

Por un momento cerré los ojos para descansar pero las imágenes no cesaban de entrar en mi mente; no podía frenarlas. De pronto como una suave explosión de burbujas visualicé algo así mientras mi cuerpo se estremecía. Ante mi asombro la pregunte: " ¡ Vive Dios ! ¿ Quien sois ? " y me respondió : " Soy la bruja Pirulisa y vengo porque sé que te encantan las calabazas . . . "

Sinceramente me quedé con la boca abierta y una cara de mas tonto de lo que normalmente la tengo. Efectivamente me entusiasman las calabazas y lo sabéis si leísteis el epígrafe anterior de esta sección y ello lo he de reconocer. Pero, claro, me dijo que era una bruja y yo tenía un concepto de que las brujas eran viejas, feas, melladas y resulta que se me presenta una joven super atractiva, con unos labios de rubí, unos pechos equiparables a los montones de trigo de que nos hablaba EL Rey Salomón, un cuerpo escultural, unos muslos que eran autenticas columnas salomónicas, y, además, mientas me hablaba sentía sus cabellos acariciar suavemente mi piel.

Ya lo que sucedió a partir de ahí prefiero hacer un lapsus y digamos que lo dejo a vuestro buen saber y entender.

 
     
     
 

 
     
     
 

Disfruté locamente con las calabazas y con la bruja Pirulisa ; y pienso que ella también pues me quiso hacer un regalo y cuando me preguntó que quería de ella le respondí : " Dejame tus labios " y los cogí tal como los veis.

 
     
 

 
     
 

Mas, de pronto, mi perro Duque saltó a la cama y me despertó. Con el sobresalto mi esposa también se despertó, me miró y encontró recostado mirándome la mano que la tenia en esta posición y entre los dedos no había ninguno labios. . . Ella me dijo. "¡ Pero Juan ! ¡ Es que te has vuelto loco ! " y yo le respondía sonriendo. . ." No cariño, ahora es cuando me he vuelto cuerdo. . ."

 
     
     
     
     
     
 

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