Ya habían muerto Bramante, Rafael y Antonio de Sangallo. Se imponía nombrar un arquitecto para continuar las obras e la Basílica de San Pedro. Se pensó en Miguel Ángel como el artista idóneo para tal empresa y se le ofreció el tema  pero Miguel Ángel rechazó la oferta por entender que no era una obra para él; tuvo que aceptar porque el Papa se lo ordenó.

          Miguel Ángel suprimió detalles, varias torres, columnatas, agujas y todo lo que consideraba restaba rigor a la obra e incrementaba gastos. Si bien eliminó todo lo que consideraba accesorio y superfluo, elevó la cúpula a 131 metros, inspirándose en la de Santa Maria de Florencia.

          A la muerte de Miguel Ángel continuo las obras su discípulo Giacomo della Porta.

 
     
     
     
     
     
     
     
 

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