El té con menta marroquí es algo que merece la pena probar. En la imagen de cabecera os cuento como yo lo tomo. Y también es cierto que esa bandeja veneciana la decoloro el paso del tiempo; un tiempo durante el que me acompañaba sobre la mesa de mi despacho donde, naturalmente, se escuchaban muchas historias de esas que jamás se pueden contar y que mueren apenas se escuchan. De esa tetera y de esa bandeja jamás me desprenderé por temor a que alguien practique el cumberlandismo. . . .y llegase a conocer cosas que le sorprenderian.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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