Doña Teresa Enriquez otorgó testamento el 30 de marzo de 1528, ante Don Diego Perez de Lequetro, escribano público de Torrijos y lo entregó al R.P. Fr. Franciscano de la Parra, Provincial de la Orden de San
Agustín, y merece destacarse la
cláusula 14 de dicho Testamento."Que todas las tapicerías sedas, brocados, ornamentos, oro plata y otras cosas que al tiempo de mi fallecimiento se hallasen estar y
estén en la Iglesia del SS. Sacramento de esta Villa, y en los Monasterios de Santa María de Jesús, y de la concepción de Torrijos, y en los hospitales de ella: aquello que era mío, declaro que todo ello yo lo tengo dado y doy a dicha Iglesia Colegial, Monasterios, y Hospitales, para servicio del culto Divino de los dichos lugares píos y religiosos".
Y muy especialmente la cláusula 44 y última:"Dejo por universal heredero a la dicha Iglesia Colegial, para que pagadas las deudas y ajustado todo, todos mis bienes y herencia sean empleados y convertidos en las cosas de la veneración del Santísimo Sacramento en esta manera".
Cuando Doña María Guadalupe, Duquesa de Albeiro y Maqueda hizo reconocer el archivo del Monasterio, encargó a los religiosos que localizasen el cuerpo de Doña Teresa Enriquez. En la mañana del 7 de enero de 1688, uno de los religiosos encontró de pie y sin tapa, empotrado en la pared un ataúd, dentro del cual veiase el cuerpo entero de mujer, incorrupto, vestido de terciopelo, cuello alto, ceñido con una gruesa cuerda de San Francisco, y debajo el hábito de este Santo: era el cuerpo de Doña Teresa Enriquez.
Durante la guerra de la Independencia, ante el temor de que los
ejércitos de Napoleón, hiciesen algún acto sacrílego, el cuerpo fue trasladado al Convento de las Monjas Concepcionistas, lo que se efectúo en una noche tras el toque de oraciones.
En el año 1970, las Religiosas tuvieron que abandonar el Convento para construir uno nuevo, al que regresarían después de cuatro años y medio. Nuevamente , en un solemne acto y procesión, con asistencia de autoridades civiles y eclesiásticas, el cuerpo fue trasladado al nuevo Convento, y quedó expuesto, un jueves (su día favorito), al Santísimo Sacramento y al tercer día, el 23 de mayo de 1975 se celebró un solemne funeral.
A Doña Teresa Enriquez se deben otras fundaciones, como el Convento de Agustinos en las Alpujarras, el de Benalcazar (Córdoba), Cazalla, (Sevilla). Asimismo, cerca de Torrijos se levantaron hospitales para contagiosos, el colegio de la Piedra, para niños huérfanos y el Colegio de los Clerizones, para estudiantes de gramática.
Existe una profunda devoción por esta Santa para quien se pide su beatificación y existe un libro de oro, que ha recorrido España, recogiendo firmas y entre ellas están la de Don Juan Carlos y Doña Sofía, Reyes de España.