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EL SANTO NIÑO DE LA GUARDIA

 

     
     
     

 

 

     
     

 

          En cierta ocasión leí un libro que hablaba del tema en un tomo un tanto irónico, y comentaba que cuando el cura del pueblo trató de convencer a éste de que el Niño aún no estaba canonizado, las gentes del pueblo sintieron una gran repulsa y en las procesiones se oían exclamaciones como "¡ viva el Santo Niño, me cachendios!"

          Cuando se han vivido las procesiones andaluzas y los piropos que le echan a la Virgen, se comprende que hay una forma especial de sentir y de ser, una forma de expresarse, de unas... que encierran una gran fe. Y, por nuestra parte, empezamos a comprender que estábamos ante un pueblo ferviente... ello nos animó muchísimo el conocer la realidad.

 

       
       

 

 

     
     

 

          Y fuimos a la Guardia, que se encuentra en la carretera Nacional Madrid-Cadiz, no lejos de Ocaña. Cuando divisas el pueblo, un poco antes de llegar, a un lado de la carretera encuentras una carretera local que conduce a la ermita del Santo Niño, perfectamente anunciada y señalizada. Cuando vas subiendo a la ermita tienes la sensación de encontrarte en un lugar muy distinto, uno de esos lugares que tienen su propia esencia y magnetismo.

          Y al alcanzar el rellano donde se enclava la Ermita, a la izquierda un rótulo "Respétalo es nuestro". Es admirable el fervor, la fe, y la preocupación del pueblo con todo lo que se relaciona con el Niño. Cuando en la Guardia preguntas por algo relacionado con el Santo Niño, observas que alguien te contesta, lo hace como si se tratara de algo propio, de algo suyo...y ¡esto es encomiable!.

 

       
       

 

 

     
     

 

          ¿Que sucedió con el Santo Niño?. Lo que vamos a relatar se ha obtenido de los procesos contra los reos, de los testimonios del Santo Tribunal de la Inquisición y de otros documentos que se guardan en la parroquia de la Gardia, así como del gran estudio realizado por Martinez Moreno.

          El niño, llamado Juan, era hijo de Alonso Paramontes, y Juana la Gindera, vecinos de Toledo. Unos judíos expulsados de España por los Reyes Católicos, y huidos a Francia, trataron de hacer un hechizo consistente en coger el corazón de un niño cristiano y una hostia consagrada, quemándolos juntos y las cenizas echarlas a las aguas que bebieron los cristianos, creyendo que con ese pacto diabólico matarían a los cristianos.

          El vecino de la Guardia, Juan Franco fue a Toledo y en la Catedral, en la Puerta del Perdón, se encontraba el niño Juan, y trató de granjearse su amistad y lo raptó, llevándoselo a Quintanar, donde le esperaban unos compañeros, lo hizo pasar por hijo suyo y se lo llevó a la Guardia, permaneciendo con él unos seis meses. Cuando se avecinaba el día 14 de la luna de marzo (en que nació Jesús) se apresuraron a llevar al Niño a Quintanar; y los judíos de allí ordenaron que se le martirizasen siguiendo los mismos pasos que había hecho Jesucristo y eligieron la zona de La Guardia, por la semejanza que tiene con Jerusalén. Llegado el día, hicieron subir al mismo, golpeándole, azotándole por el montecillo hasta una cueva. Encendieron una vela amarilla y allí se encontraban los once judíos cuyos nombres eran: Hermano Ribera, Benito García de las Mesuras, Juan Franco, Juan de Ocaña, Alonso Franco, Pedro García Franco, Moren Franco, Lope Franco, García Franco, Garci Franco y Juan Gomez. El traidor Judas lo representaba Juan Franco; de Pilatos hizo Hermano de Ribera. Le pusieron el nombre de "Cristóbal", que significa "Hombre que eleva en si a Cristo".

          Los judíos hicieron una reproducción completa de la Pasión, con el prendimiento en el huerto, los azotes que le dieron al niño en la cueva del cerro, lo coronaron de espinas, y lo cargan con una cruz, lo crucifican y cuando un judío le buscaba el corazón en el lado derecho, el niño le advirtió, "a ese lado no, judío" al otro, y hoy se conservan en la Ermita unos versos compuestos por Don Diego Gracian, secretario de Carlos V, en un viaje del emperador a la ermita; estos versos escritos en latín, traducidos dicen así:

"Pasado con el cuchillo el tierno pecho,

saliéndole la sangre apresurada,

dijo el Niño: si en tanto amor estrecho

buscas mi corazón, furia malvada,

búscale al otro lado, no al derecho".

Dichos versos datan, de febrero de 1539, en que el "Emperador visitaba la Ermita".

          Tras la crucifixión y muerte, le arrancaron el corazón; y ello sucedió el 31 de marzo de 1491. Y Benito García de las Mesuras partió para Zamora donde se encontraba la Sinagoga más importante de Castilla, pero al pasar por Ávila fue detenido.

           Son muchos los milagros del Santo Niño de la Guardia, y existen testimonios de los mismos, que han consolidado la fe de sus devotos.

 

     

 

 

       
       

 

 

       
       
 

 

       
       
     
 

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