LA CARA DE DIOS. SACEDON

 

     
     

 

          Sacedon es un bello pueblo de la provincia de Guadalajara, al que se accede, desde este, por la carretera nacional 320, después de recorrer unos 55 kilómetros.

          Fue una aldea, dependiente de Huete, pero con Felipe II, en 1553, alcanzó la categoría de villa con jurisdicción propia.

          Enriquez de Salamanca nos relata que el origen de su nombre puede estar en la inscripción en cierta lápida, aparecida, "S. Alce Dom" (Solum Alce Domina).

          Con la existencia de los pantanos de Entrepeñas y Buendía, que han atraído gran cantidad de veraneantes, a su celebre "Mar de Castilla", al ocupar gran parte de sus casas, cambiaron su fisonomía. No obstante, aun pueden encontrarse calles, llenas de una belleza y tipismo, rejas fuertes rematadas con una cruz y una Iglesia dedicada a la Asunción del siglo XVII.

 

 

          La Cara de Dios.- Pero lo más importante de Sacedon es la Custodia en su Iglesia de la "Cara de Dios", que es venerada por innumerables personas.

          Quizá la devoción provenga ya de antiguo, desde la primitiva ciudad de Alce ¿Que sucedió?, en una pared del lugar quedó grabado el Rostro de Jesucristo. Precisamente en aquella ciudad de alce, predicaron algunos discípulos de Santiago, concretamente Eleuterio, Teodoro y Zoilo.

          El hecho fue que un 29 de agosto de 1689, en el hospitalillo de Nuestra Señora de Gracia se encontraba un catalan llamado Juan de Dios, acompañado de la joven Ines, a la que había seducido; la joven huyó a casa de unos vecinos..., aquel hombre al sentirse herido, de rabia clavó un puñal en la pared, exclamando "Voto a la Cara de Dios que si los cogiera aquí los matara" y lo sorprendente fue que al arrancar el puñal, se descascarillo parte de la pared y apareció la Cara de Dios, con la señal del puñal en la sien derecha.

          A la Cara de Dios, se le atribuyen varios milagros y prodigios. Por ejemplo en 1707, Francisco Palomino, de Sacedon, se le hundió la casa, y tras invocar la Cara de Dios, pudieron sacarle a el y a su familia de entre los escombros. En el año 1770, y presenciándolo varios testigos, la Cara de Dios sudó sangre, que se secó con un purificador, que quedó teñido de sangre y se regalo al Duque del Infantado.

          Una mujer de Chillaron, tullida de pies y manos, quedó curada tras visitar el Santo Rostro; un joven de Anguita, se curó de sus ataques epilépticos; un hombre de Huete quedó curado de su sordera; un joven de Sacedon, en 1841 merced a haberes encomendado al Santo Rostro, pudo salvarse de verse ahogado, etc.

 

 

          La antiguedad de esta devoción es un testimonio mas del prodigio, y los milagros acaecidos en personas de esos lugares, conocidas, remachan este testimonio.

 

     
     
     
 

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