DE LA EUROPA DE LAS MONARQUÍAS HASTA LA IMPLANTACIÓN DEL COMUNISMO EN RUSIA

 
     
     
     
     
 

             Para comprender cualquier fenómeno es preciso adentrarnos en sus orígenes, causas y fundamentos.

            La Revolución Soviética se nos ha querido presentar, históricamente, como un hecho natural y se nos ha ofrecido con un montaje casi perfecto: el creador de una ideología, un pueblo que pasa hambre, una revolución y el triunfo del partido obrero que ocupa el poder. Esto es verdad, pero una verdad a medias no es una verdad. Para comprender este fenómeno habría que explicar la fundamentación de sus orígenes.

            Para realizar este análisis vamos a utilizar un método totalmente aséptico, frío, sin influencia de ideología alguna y, por supuesto, imparcial.

            La Revolución Soviética se le ha ofrecido al pueblo como un cuento de hadas para colmar su ansia de justicia que anida en todo ser.

            Más, pensemos que los ideólogos de los grandes sistemas, los verdaderos pensadores y los que construyen con su pluma la historia del mundo ya contaban con los planteamientos, las acciones, las posibles reacciones..., en suma, el principio y el final de la película. La diferencia que a estos pensadores les separa de un comunista es que éste sólo conoce la película.

            Para entender el esquema histórico y político mundial hemos de situarnos en un momento clave: la Europa de las Monarquías. Unos pueblos dominados y dirigidos por unas cuantas familias que estaban en manos del capital; pero el capital es muy celoso hasta de las hojas que mueve el viento y no podía consentir que la aristocracia europea controlase parte de los mecanismos de producción y de comercialización, y, además de eso, estuviesen demasiado cerca del poder; ello los convertía en peligrosos.

            Qué duda cabe que existió Voltaire, Diderot y otros cuantos...pero ni la Enciclopedia ni toda la fuerza de estos pensadores hubiera hecho posible una revolución como la francesa si no hubiese sido apoyada por otros capitales, a través de la burguesía. El Abate Siegés se lo preguntaba:" ¿ Quien es el Tercer Estado ? " y, naturalmente, su prudencia política le impedía decir toda la verdad. En esos momentos las fuerzas masónicas se articularon de una manera definitiva. ¿ Qué interesaba en aquel momento ? sencilla  y llanamente, cargarse a la aristocracia y sus privilegios. Pero ello nunca se podría hacer en nombre del Rey puesto que la corona francesa era la cúspide de la aristocracia. Entonces había que hacerlo en nombre del pueblo. Y cuando se hace en nombre del pueblo la revolución puede estar servida, entre otras razones porque el pueblo se lo cree y, lógicamente, da la vida luchando por una causa que siente pero que nunca llegará a comprender porque desconoce sus verdaderos orígenes y lo que se cuece entre bastidores.

            Y ¿ Cómo se hace una revolución ? Hace falta una ideología, exaltar unos principios por los que luchar, preparar unos líderes y poner el dinero suficiente par hacerla posible. El dinero estaba y sabemos quien lo tenía. Faltaban los principios y realmente fue admirable la audacia que demostraron al dibujarlos: libertad, igualdad y fraternidad. Tres principios que ni quienes lo inventaron creían en ellos. La libertad únicamente es posible con una normativa que la regule y la haga posible.

            La libertad individual tiene su tope en la libertad del otro. Si no fuese así no habría libertad sino un libertinaje. Por ello cuando Carlota Cordait asesinó a Marat exclamó : " ¡ oh, libertad ! ¡ Cuantos crímenes se han cometido en tu nombre !"

            La igualdad es, desde su base, antinatural. Pensar que todos somos iguales es una quimera. A lo único que se puede aspirar  es a una "igualdad en el Derecho" pero no a una" igualdad ante el derecho"; aquella supondría que, en principio, todos los seres nacen con los mismos derechos  pero la segunda implica que no todos pueden ser iguales en su actuación e intervención en los mecanismos de gestión, pues existen unas trabas ( edad, declaración de incapacidad...).

            La fraternidad, de origen masónico,  era una nota de color que se le daba al asunto.  Más la experiencia nos demuestra que en las relaciones comerciales, internacionales, en la propia lucha por la vida y por la supervivencia la palabra " fraternidad" no deja de ser una nota de cortesía, se quiera o no y a la experiencia me remito.

            Y la Revolución fue posible. Cuando la Revolución había guillotinado las cabezas de la nobleza y también de Luis XVI y María Antonieta se había quemado una etapa. Y observen que cambio tan brusco: tras la Revolución aparece en la escena un hombre , Napoleon, que era lo mas lejano a la libertad, igualdad y fraternidad, pero con un denominador común: fue erigido por un grupo de generales pertenecientes a la Masonería y él mismo llegó a ser Gran Oriente ¿ Cual era la misión que se le encargaba a Napoleón ? Si la Revolución francesa tuvo por objetivo destruir la aristocracia, Napoleón estaba obligado a hacer lo mismo con Europa.

            Por cierto, que para hacer honor a la verdad y a su valía, como hombre clave para todo este montaje, es preciso citar a Fouchet que estuvo dirigiendo siempre los hilos del poder con la Monarquía, con la Revolución y también con Napoleón.

            Cuando Europa queda aniquilada, El Congreso de Viena de 1.815 es un intento de reconstruirla. Ya era tarde. Una mesa de diplomáticos redactando un tratado no podía, ni mucho menos, recomponer la estabilidad económica de un continente. Al eliminar a la aristocracia se asistió al sepelio de los puntos de producción de un continente.

            Destruida económicamente Europa ¿ En manos de quien quedaba ? Se lo podemos preguntar a Inglaterra - cuna de la Masonería- que a partir de ese momento comenzó a forjar su imperio colonial mientras que otros países, por ejemplo España comenzaron a perderlo con una serie de monarcas sin capacidad, sin visión política y algunos traidores para su propia causa. Por no citar muchos, Fernando VII, desde su destierro en Valençay felicitaba a Napoleón por las victorias que obtenía luchando frente a las tropas españolas. Nuestro imperio colonial se fue al traste y se lo debemos a todos aquellos monarcas vendidos a las logias masónicas que buscaban su propio interés.

            Europa estaba ahora en manos de los poderes económicos ocultos ( no de la aristocracia ) y sus tentáculos se extendían a ultra mar a través del Imperio Británico.

            El fenómeno tuvo su proyección, igualmente, en América. No olvidemos que La Fayette y otros Generales que fueron a luchar al nuevo Continente eran miembros de la Masonería y tampoco olvidemos que posteriormente las colonias españolas en América pudieron independizarse por la misma razón. Esta descolonización benefició al poder del capital oculto que ahora podía manipular a su antojo.

 
 

           Mas quedaba una carta por levantar: había que destruir el poder económico de Rusia y ello solo era posible gestando la revolución. Lo veremos mas claro en el siguiente artículo y así podremos comprender que tan solo podían desmantelar la U.R.S.S. aquellos que tenían todas las claves y resortes de la creación del comunismo en Rusia.

 
     
 

Juan Aznar Sánchez

 
     
     
     
 

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